miércoles, 24 de abril de 2013

De cómo nos pisoteamos los brotes, cercenamos potencialidad con una Hattori Hanzo y abortamos futuro por miedos o De cómo el pretérito imperfecto subjuntivo, cuando es en segunda persona del plural, son siempre esdrújulas y que es una importante coincidencia que se llame "pretérito imperfecto" y ahí te quiero ver.

Yo quería que fuéramos juntos, quería que viviéramos juntos, quería que sacáramos muchas más fotos, que imprimiéramos momentos, que camináramos por Buenos Aires mirándolo en contrapicado, que descubriéramos lugares, que inventáramos palabras, que viajáramos por el mundo, que fuéramos al cine, que viéramos muchas películas y series, que escribiéramos, que pintáramos, que nos dibujáramos, que leyéramos El hombre ilustrado, que leyéramos a Cortázar, que nos maravilláramos, nos acariciáramos, que nos descubriéramos, nos abrazáramos, que charláramos horas, que nos miráramos en silencio, que siguiéramos coincidiendo en nuestras visiones, que siguiéramos nutriéndonos de nuestras diferencias, que aprendiéramos, nos entendiéramos, que enseñáramos juntos, quería que abrazáramos a una vaca, que compadeciéramos a las palomas, que viéramos la lluvia sobre el parabrisas del auto, que subiéramos más montañas, que trepáramos árboles, que vomitáramos conejos y que nos enredáramos hasta la muerte en un pullover azul, que desayunáramos en la cama a las cinco de la tarde, que nos reconociéramos por el perfume, que comiéramos sánguches de pepino bajo la lluvia al costado de alguna ruta, y la manzana más deliciosa del universo, que camináramos por la playa, que nadáramos en el mar, que cocináramos, que probáramos gustos nuevos, que fuéramos a recitales, que compartiéramos música, que bailáramos con los Beatles en mi tocadiscos, que hiciéramos música juntos, que cantáramos a los gritos, que creciéramos juntos, que creáramos, que creyéramos, que pasáramos una semana al menos sin pelearnos. Yo quería que recordáramos una vida entera.

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