
“…y quizás ahí también este yo, ahí en esos silencios, ahí donde estoy como ausente, ahí donde me bloqueo, me anulo, donde hay tanta negación de mi. Eso también soy… aunque me cueste tanto entenderlo, aunque me frustre tanto, aunque me desconozca a mi misma, aunque sienta que es otra la que esta muda, tímida, muerta de miedo, que no puedo ser yo, que yo no soy así, que yo no tengo problemas de comunicación, que yo soy muy frontal, que tengo una personalidad fuerte, que generalmente no tengo inconveniente en hacerme mi lugar, en decir concretamente qué es lo que quiero, qué es lo que pienso, qué es lo que siento… que no me cuesta nunca hablar de mi pasado, de mi historia, de mis sueños, de mis proyectos. Yo, que suelo ser brutal, hiriente en mi manera de decir las cosas a veces; yo, que aclaro mil veces lo que pienso y lo que ya dije para que no quede absolutamente ninguna duda de que mis intenciones son éstas concretamente y para que nadie se confunda y nadie espere de mí algo que no soy o que no voy a poder dar. Yo… fue sobre mí que alguien una vez escribió que admiraba mi forma de transitar la vida, tratándola de frente, pateando las puertas que se interponían entre lo que venía y yo…
Yo, que no tengo problema en reconocer mis limitaciones, mis defectos, que no me avergüenzo de hablar ni siquiera de lo que me avergüenzo de haber hecho, que no dudo y no me asusta exponer mis sombras más oscuras, porque también conozco mis partes más luminosas y se quién soy, porqué y qué espero de la vida… Que vivo pensando que el ser humano es -si bien imperfecto por definición- perfectible y que por lo tanto el sentido de mi vida es evolucionar hacia esa perfección aún sabiendo que es inalcanzable, y que para eso pretendo ser totalmente coherente entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago, subordinando mis sentimientos a mi mente porque considero que es la razón la que nos lleva a esa constante autosuperación que nos aproxima a esa perfección inalcanzable y utópica, pero a la cual estoy determinada.
Si, esta persona con ideas rígidas sobre relatividades absolutas, con el principio moral autoestablecido de cuestionar la moral general, con la evidente intención de confrontar, de pelear, de discutir, de ganar, de crecer, la mayor parte del tiempo…
Y si… ésta persona a veces se queda callada… a veces se queda sin palabras. A veces, en determinadas circunstancias o con determinadas personas siento que no puedo demostrar todo lo que soy, que no me puedo expresar, a veces… cuando siento que me están examinando, cuando siento que estoy a prueba, cuando me importa demasiado y siento que todo es tan frágil y no quiero hacer nada mal porque no me permito equivocarme, no me permito fallar, las oportunidades a veces no se repiten y no puedo echarlas a perder, no puedo desperdiciarlas… y me callo. Y después me odio. Porque sé perfectamente que es mejor arrepentirse de haber hecho que arrepentirse de no haber hecho. Y sé que si un día miro para atrás voy a preferir haberme equivocado a no haberme equivocado por no haberlo intentado…
Sé… sé… pero la realidad es que me muero de miedo y me paralizo y no puedo hacerlo. Y me callo, y yo no soy así. Yo puedo, yo puedo todo! Pero no puedo. Y me ofusco. Y me frustro. Y me odio.
Pero hoy se me ocurrió que tal vez esa negación es parte del problema. Sí, soy eso, sí soy esta masa amorfa de miedo, inseguridad, incertidumbre, nervios. Sí, sí estoy ahí donde a veces mis palabras no están, donde a veces mi humor no está, donde a veces mi seguridad no está… porque a veces mi seguridad no está. Sí, soy yo la que se queda callada, la que se paraliza, la que se bloquea, la que enmudece, la que deja pasar oportunidades, la que se muere de miedo… Soy yo. Y sí, sí puedo equivocarme, me voy a permitir equivocarme esta vez, voy a aceptar mis limitaciones… Y éstas son mis limitaciones. No puedo.
…Por ahora…”
1 comentario:
Qué lindo aprender a equivocarse.
Darse permiso para el error.
Y saber perdonarse es necesario.
No somos infalibles.
Un beso.
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