jueves, 26 de abril de 2012

Cabeza de Medusa

 

Me quedé con esta frase: "Cuando uno no ama, compra".
Andá a saber qué pensaba Gus cuando la escribió, pero a mí me disparó algunos pensamientos.

Creo que existen aquellos que aman, que se entregan. Y la entrega tiene que ver con la autenticidad: un ser que se desnuda sin vergüenza y ve a otro ser desnudo sin juzgarlo. Y en ese acercamiento verán si las piezas encajan o no. Cuanto más la persona se conoce y se trabaja a sí misma, mejor sabe lo que necesita y lo que puede ofrecer.

Los que no se conocen lo suficiente o tienen mucho miedo de entregarse, pero a la vez necesitan conectarse con un otro, compran. Seducen ofreciendo, dando, haciendo. Pero no hay que confundir este dar con un dar desinteresado propio del amor, en este caso el hacer todo por el otro persigue la finalidad de satisfacer la necesidad de ser valiosos para el otro. No conocen su propio valor así que dejan que el otro los cotice. Y creen que haciendo y dando se constituyen en alguien imprescindible y por lo tanto de gran valor, especial, "el lugar adónde todos vuelven porque es lo mejor". Pero finalmente no es una relación de persona a persona, el otro es algo (un objeto) a conseguir y ellos tienen que esforzarse para conseguirlo.

Pero todavía hay una tercera clasificación (y  no sabría si ponerlo como categoría aparte o como subcategoría de los que compran): aquellos que se venden. No aman, no se entregan, no se desnudan, porque no se conocen a sí mismos lo suficiente como para saber exactamente quiénes son y qué tienen para ofrecer; ni pueden ver realmente al otro aunque se desnude y se describa con pelos y señales, porque es demasiado amenazante. Pero tampoco compran, porque o no tienen conocimiento de los recursos que tienen para seducir, o no consideran que el otro sea lo suficientemente valioso como para esforzarse por conseguirlo, o tienen miedo de ser menos valiosos ellos si se esfuerzan por alguien y son rechazados, o porque simplemente son vagos o se creen que los demás son los que deben luchar por ellos. Se ponen en el escaparate mostrando sus cualidades que los hacen (a su criterio) tan únicos y especiales y esperan que haya compradores que paguen fortunas por sus atenciones.
Lo curioso es que siempre hay compradores que se deslumbran con los lujos que muestra la vidriera y el precio que se muestra tan accesible haciendo de ésta una oportunidad inmejorable, irrepetible e imposible de desaprovechar y, en el furor y el enceguecimiento de la compra, pagan con más de lo que realmente tienen en la billetera. Puede que al tiempo comiencen a dudar de que haya sido una verdadera ganga y puede que comiencen a sentirse un poco estafados pero, aun con dudas, posiblemente sigan pagando para retenerlo sólo para mantener la ilusión de que fue un buen negocio y en algún momento dará frutos, sólo para no aceptar que eligieron mal y que estuvieron gastando y perdiendo dinero. O quizás porque  simplemente no saben todavía hacer otra cosa.
Los que se venden posiblemente sigan considerando que el otro no está pagando lo suficiente por ellos y con el valor que se dan a sí mismos casi siempre consiguen a alguien que compre, por lo cual es muy difícil que salgan de este proceso.
Aunque siempre queda el recurso del golpe en la cabeza o el electroshock ;)

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