Viste cuando salís una noche y al otro día trabajás y, en lugar de comportarte como una persona correcta volviendo a dormir aunque sea unas horas a tu casa, te dejás envolver por el ánimo festivo y pensás "ya fue, sigo de largo, total no pasa nada, yo me la banco" y entonces sólo pasas por tu casa para darte una ducha y cambiarte la ropa. Te subis al colectivo y ya después de la ducha, las revoluciones te bajaron un poco y te sentis algo cansada. Pero eso no es lo peor, la parte terrible es cuando estás sentada sola en el escritorio, en la tranquilidad de la mañana cuando no tenés trabajo por hacer y se te empiezan a cerrar los ojos. Y vos sabes que tu jefe está por ahí dando vueltas, no podes quedarte dormida, no puede verte asi!... Pero los párpados prácticamente tienen vida propia (o mejor dicho, no la tienen) y ya no te obedecen, y si lo hacen sentís que te estás por desmayar del esfuerzo por mantenerlos abiertos.
Misma situación en la facultad, sentada en la primera fila a propósito habiéndome convencido con el argumento que "si estoy cerca de la profesora voy a tener que prestarle atención y no voy a poder quedarme dormida". Mentira. El sueño no respeta títulos. Ahí, sentada en la primera fila, intentando tomar apuntes, cada tanto miras el renglón y te das cuenta que hay palabras que no recordas haber escrito y que la última frase, además de ser completamente inentendible concluye en un garabato ilegible que se desbarranca por la hoja hasta terminar cuatro renglones más abajo. Y abrís los ojos con todas tus fuerzas. Mirás a la profesora y ella también te está mirando. Levantás las cejas pensando que quizás hacer fuerza con los músculos de la frente mantenga los párpados arriba.
O en el colectivo teniendo miedo de pasarte. En algún momento, no tenés idea cuándo, evidentemente cerraste los ojos y ahora los abris con un sobresalto mirando a todos lados para corroborar que la gente te observa sin ningún disimulo y te preguntás si fuiste vos la que gritaste dormida o si te caiste en el hombro de alguien o si te golpeaste la cabeza con la ventanilla en una maniobra brusca del conductor.
Es la peor tortura que puedo imaginar, tratar de abrir los ojos y ver todo borroso, tratar de estar conciente y sucumbir al letargo. Como en las películas de Freddy. Intentar mantenerte alerta y sentir que lenta e inexorablemente te vas hundiendo en algo tibio y azul, y seguís chapoteando... pero estás demasiado cansada y lo único que querés es dejarte ir. Maldita tortura!
Bueno, soñé con eso por segunda vez esta semana. No me acuerdo la situación, no me acuerdo lo que pasaba, lo único que se es que necesitaba estar sobria, despierta, alerta, conciente, lúcida pero no podía, veía todo como a través de un vidrio empañado...
Sensación horrible.
2 comentarios:
sí, y además tengo que dejar la droga.
VICK!!!!!!!!!
WAW
QUE FLASH!
COMO VA?!?!??!?!?!!
jaajaja
te paso mi mail!!
matias@najle.com.ar
BESO GRANDEEEEEEEEEEE
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