Quisiera poder escribir que todo esto es culpa tuya, que te odio por lo que me hacés, que te odio por jugar conmigo, que me duele saber que me usaste, que calculaste todas mis emociones y mis reacciones utilizando en mi contra toda la confianza que había depositado en vos. Quisiera poder sentir que todo esto es culpa tuya. Quisiera poder esperar con motivos un llamado en donde me pidieras perdón y me dijeras que te diste cuenta de todo, que no podés vivir sin mi y que harías lo que fuera para que volviera...
Pero tanto más vacío siento porque ni siquiera es así. Siento la necesidad de un llamado que en realidad no necesito, porque no tengo nada que decirte, ni deseo escuchar nada de vos. Se que aunque me dijeras que te morís por volver conmigo no me causaría ninguna emoción realmente y que aún así quizás volvería, incluso sin querer, simplemente porque estoy acostumbrada a eso. Camino en línea recta como una autómata hacia el precipicio, siendo conciente de mi inminente caida, pudiendo evitarlo, pero sin la voluntad para probar un cambio de rumbo. Siguiendo sólo porque siempre lo hice así.
Y eso es lo que hice desde el principio. Cómo entonces culparte a vos, si se perfectamente que la que camina hacia el precipicio soy yo? Probablemente vos estuviste siempre sentado al borde del abismo haciéndome señas para que me acerque, pero simples señas. Nunca me obligaste, nunca te esforzaste, nunca te jugaste ni arriesgaste ni siquiera engañándome, para conseguir que yo siguiera dando pasos hasta que el suelo se acabara. Simples señas. Y la que caminaba como un animal adiestrado, porque nunca supo hacer otra cosa era yo.
La idiota que se inventó una relación que mantenía sola, fui yo. Vos sólo estabas. Esperabas. Te quedabas. Claro, si no te demandaba ningún esfuerzo real. Para qué ibas a preocuparte por atraerme, para qué ibas a ofrecerme algo, para qué ibas a intentar algún cambio, para qué ibas a molestarte en hacer más que una seña, si sabías que inexorablemente yo iba a seguir caminando hacia vos y hacia el abismo?
La culpa no es mía por haber llegado al estado de locura que alcancé. La culpa no es mía por haberte lastimado con palabras, con actos y con los dientes. La culpa es mía por haber continuado algo que no existía, por haberte regalado oportunidades que vos no me pedías pretendiendo que después te sintieras agradecido por ello, por lo magnánima que era yo al perdonarte. Pero vos no querías que te perdone, no te interesaba en lo más mínimo. Culpa es una palabra que no conocés, afortunadamente para vos.
Nunca quise aceptar que los mimos del principio, las atenciones, las cursilerías, las declaraciones de amor eterno, fueron sólo eso. Sólo al principio. Sólo para conseguir el trofeo que nadie más había conseguido. Al conseguirme, al darte cuenta de lo accesible que era detrás de mi máscara de aparente inmutabilidad, se esfumó tu interés. La misión ya estaba cumplida, el premio ganado. Pero yo nunca quise verlo. Yo quise seguir durante once meses más. Intentar que valoraras lo que tenías, lo que habías conseguido, lo que era yo, que fueras feliz por tenerme a tu lado, que te sintieras orgulloso de mi, de lo que yo era y de lo que hacía por vos. Pero cómo hacer que dejes de ver a las mujeres como un objeto? Y cómo ibas a sentirte orgulloso de mi, si yo no era más que tu objeto? El objeto que te acompañaba a las reuniones familiares, a las reuniones con tus amigos, donde lo máximo que podía obtener de tu parte era tu mano sobre mi rodilla proclamando "éste es mi objeto" mientras hablabas siempre con alguien más. En todo caso te sentías orgulloso de vos mismo porque por algo estaría esforzándome tanto yo para estar al lado tuyo.
Cómo conmover a alguien que sólo siente amor hacia una pelota de fútbol?
Pero estúpida yo que, habiéndolo visto desde un principio, quise seguir.
Y sin embargo, mi cuerpo sigue esperando que lo hagas sentir algo, con un llamado, un acercamiento, algo. Aunque se que no lo quiero, que no lo necesito y que en realidad no sentiría nada. Aunque se que sería seguir intentando saciar el hambre con caramelos, o proyectar hologramas para sentirme menos sola. O mejor aún, como aquel cuento de Ray Bradbury en que el tipo vive completamente sólo en marte y cuando cumple los 80 años empiezan a sonar los teléfonos de los lugares a donde fuera, y al atender se da cuenta que eran grabaciones que él mismo había creado y programado cuando era joven para que de viejo lo llamaran y hablar consigo mismo para sentirse menos solo.
No siento nada por vos más que lo que yo misma me inventé, las sensaciones físicas provocadas por una rutina que se interrumpe, los sentimientos inventados para creerme que compartía algo con alguien, y que tiendo a exagerar para sentir que siento algo cuando la verdad es que no me provoca nada, porque nunca existió nada.
Pero es lo que siempre hice, no se hacer nada más que observar cómo mi cuerpo inerte se dirige hacia el agujero negro. Esta vez, quiero cambiar de rumbo.
4 comentarios:
Me siento tan identificada..
Sin embargo, sigo caminando hacia el abismo.
C.
Cada una de tus palabras es como si las estuviera escribiendo yo.
Pero aún así, no puedo cambiar mi rumbo.
en algun momento de la vida de todos supongo que paso..
son plantillas..
dps hablame x msn ke te paso un par de dires
Vaya, alguna vez quisiera haber escuchado un reclamo tan preciso en relación a mi indolencia; pero ninguna acertó a decirme nada siquiera cercano a la verdadera causa y razón. Y es que debe ser desconcertante lo entiendo, nada está mal al contrario va muy bien pero es ilusorio no prospera ni crece ni decrece es como el lugar de nunca-jamás…
En fin ahora visto en ese espejo y suponiendo que en su momento fuimos enemigos… creo que gane…
Salud y un beso
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