jueves, 19 de junio de 2008

Qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma?

Hace poco menos de un año escribí "predestinada a jugar el juego que estoy predestinada a perder"
( aquí) durante uno de los ocacionales momentos de lucidez en los que lograba entrever lo complicado que me iba a resultar salir del laberinto en el que me metía por voluntad propia y porque la carne es débil y porque soy propensa a sucumbir ante las atenciones fáciles pero desesperadas de los que no saben lo que quieren pero se envalentonan al tomar como desafío personal convencerme de que sí; y aún habiendo comprobado repetidas veces en carne propia que "a menudo los labios más urgentes no tienen prisa dos besos después"...

Hoy haría una simple, casi insignificante y, para varios, incomprensible modificación. Hoy escribiría "predestinada a jugar el juego que estoy predestinada a perder/ganar", porque hoy ya no encuentro la diferencia. Para saber si se gana o se pierde hay que compararlo con algo, se puede facilmente reconocer si se gana o si se pierde dinero, por ejemplo, tomando como punto de referencia lo que se tenía antes. Pero cuál es el punto de referencia a tomar para dilucidar si se perdió o si se ganó en una relación con otra persona? Es infinitamente más complejo y por lo tanto inconmensurable, imposible de comparar y pretender llegar mediante deducciones a una conclusión que podamos considerar absoluta. Ni aunque tengamos millones de relaciones diferentes durante toda nuestra vida con todas las personas del mundo, podríamos predecir sin márgen de error cómo será, cómo terminará, nuestra relación siguiente, ni por mucho que se parezcan las personas, ni por mucho que se parezcan las situaciones, ni aunque creamos que no cambiamos más y siempre vamos a repetir historias, NUNCA volvemos a repetir la MISMA situación por muy semejantes que aparezcan ante nuestros ojos en un momento determinado. NUNCA volvemos a tener el MISMO sentimiento, la misma sensación, las cosquillas que siento no son las mismas que sentí aunque sean casi iguales, el momento no es el mismo, yo ya no soy la misma, un instante NUNCA se repite.
Con qué comparar entonces? Cómo decidir si se ganó o se perdió? Gané porque me afectó menos y pude seguir haciendo mi vida como si nada? O perdí porque en realidad si no me afectó es porque no sentí lo suficiente? Y no sentir es no estar vivo. O gané porque di todo, entregué todo, sufrí, amé, disfruté, sentí, probando así que estaba viva? O perdí porque me enrosqué en un sentimentalismo que nada tiene de real, dejando de progresar en mi vida personal sólo para llevar todo hasta el extremo y sentir que siento? Y en el caso de que fuera esto último, cómo estar seguro si se dejó de progresar o en realidad se empezó a progresar por otro camino?
Perdí? Gané? Imposible de saber. Los momentos son únicos, imposibles de comparar, imposibles de repetir, imposibles de predecir, imposibles de remediar... Imposible decidir qué es mejor o qué es peor, qué es más o qué es menos. Lo único que se puede enseñar de la vida es que a la vida no te la puede enseñar nadie. Es una improvisación constante donde se ensaya sobre la marcha y delante del público, para una obra que nunca va a estar lista para su estreno.

Victoria Bravo


"... Miraba a través del patio la sucia pared y se daba cuenta de que no sabía si se trataba de histeria o de amor. Y le dio pena que, en una situación como aquélla, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento más hermoso que había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte).

Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera qué quería:

El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.

¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?

No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.

«Einmal ist keinmal», repite Tomás para sí el proverbio alemán. Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto..."

MILAN KUNDERA - La insoportable levedad del ser

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